Boris Leonardo Caro

El rumor

In Crónicas on 24/05/2009 at 5:28 pm

Escribo desde la adolescencia. Aprendí a chapotear en un teclado con una moderna máquina de escribir italiana ―lo cual ahora me parece un sacrilegio, pues lo correcto hubiera sido hacerlo en una auténtica Remington. Mis primeros textos eran “filosóficos”. Cuando uno se ha encontrado con Holden Caulfield a cierta edad es normal que la sociedad le parezca un horror y las ideas propias, geniales.

Ninguno de aquellos textos se salvó. Es lamentable, porque hoy habrían sido una fuente inapreciable de humor psicoanalítico para mis desiertas tardes de domingo. Como casi todo en mi vida, cargué con las culpas a una mujer y los eché a la basura. En el papeleo que sucumbió a aquel suicidio literario, había versos, textos aspirantes a cuentos y aquellos arrebatos filosóficos que ya mencioné.

La máquina de escribir Antares Minerva también me dejó en herencia la elegante costumbre de escribir con dos dedos. Ahora mismo estoy tratando de hacerlo con al menos ocho. Pero tengo un pésimo promedio: de cada cinco teclazos, meto mal el dedo en seis.

Otro momento interesante de mi vida fue cuando decidí dejar la literatura. Ella era mi novia, pero no lo sabía. Entonces un día comprendí que mis cuentos ―buenos al inicio, pero siempre torpes al final― no ayudaban en lo absoluto al mejoramiento humano; en cambio, el periodismo sí. Tardé cuatro años en darme cuenta de que estaba equivocado, nuevamente.

Desde que conocí Internet he tenido algunas experiencias creativas interesantes. Primero me consagré durante un año a un blog que trataba de cubrir la marcha de la Sexta, una campaña del Ejército Zapatista (EZLN) en México. Antes había abierto otro efímero blog, Las piezas, que sería una plataforma de eso que hoy llaman periodismo ciudadano.

No hay nada como el olor de la lluvia para rescatarnos de la sensual monotonía de los domingos.

Lo mejor que me ha pasado en estos andares entre las letras y la web ha sido pertenecer la comunidad Bloggers Cuba. Allí, junto a colegas de la cibernética, la informática, el periodismo, la ingeniería, el rock n’ roll y demás cotos de caza del espíritu humano, publico artículos muy serios, con frecuencia vinculados a la política o la economía en este archipiélago donde vivo hace 29 años.

Había olvidado hablarles de Habana 713, mi fotoblog, de vacaciones desde hace un par de meses. Gracias a él he aprendido algunas cosas sobre programas de edición de imágenes y, mejor aún, he conocido personas.

Con El rumor del elefante me he propuesto escribir crónicas sobre la vida allá afuera. Aunque parezca un subtítulo bastante común, no lo es. Cronicar significa básicamente narrar un hecho, es decir, nada de artículos sobre economía, política y demás hierbas alucinógenas. El allá afuera marca un distanciamiento esencial con el sujeto creador, o sea, yo, o sea, nada de fruslerías filosóficas de té con galleticas ―que además no puedo comer.

Tampoco debo pasarme de una cuartilla. Es un juramento solemne.

Querido lector: Si su ritmo de lectura es más o menos similar al mío, podrá leer esta especie de presentación en alrededor de un minuto, con 48 segundos y una docena de centésimas. Algunas veces reduciré aún más mis apariciones en su lector de RSS, con Viñetas de pocas palabras.

En fin, escrito en OpenOffice el 24 de mayo, pasadas las 17 horas.

Abruzos cordiales.

El autor.

  1. [...] El rumor (una especie de introducción)rumordelefante.wordpress.com/2009/05/24/el-rumor/ por caroboris hace pocos segundos [...]

  2. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Escribo desde la adolescencia. Aprendí a chapotear en un teclado con una moderna máquina de escribir italiana ?lo cual ahora me parece un sacrilegio, pues lo correcto hubiera sido hacerlo en una auténtica Remington. Mis prime…..

  3. Muy buena historia! Me ha gustado un monton! Animo!

  4. Muy buena elección, pero no creo que en nada de lo que escribimos nos distanciamos del yo que somos.
    Cada periodista lleva un escritor frustrado dentro, o no?

  5. @otraperiodista Gracias por la visita y el comentario.
    El “yo que somos” es uno y muchos. Eso es materia para el piscoanálisis.
    Yo pienso, en cambio, que todo escritor es un periodista frustrado.

  6. [...] Escribo desde la preadolescencia. A los diez años le dediqué unos poemas a una niña llamada Aymara, que me había dado el primer beso en la boca. Desde entonces no he parado de escribir. Casi toda esa historia está contada en el primer post de El rumor del elefante. [...]