Se dice que todos los niños cubanos sueñan con llegar a ser jugadores de béisbol. Después se hacen ingenieros, médicos, profesores, incluso delincuentes, pero la pasión por ese deporte persiste en el corazón. Es la religión nacional, la única que relega las diferencias políticas. Cuando se es fanático de un equipo, en el estadio, sólo importa gritar, aplaudir, animar a los peloteros. La vida puede ser dura allá afuera, pero cuando se asiste a un juego de béisbol, todo se olvida, es la fiesta.
Mi padre siempre desesperó conmigo: los psicólogos de la clínica del adolescente le sugerían me llevase más a ver baseball. Él no sabía como, a pesar de los ruidos típicos del latinoamericano, me quedaba dormido en las gradas.
Soy la excepción de eso que se dice.
Lo odio.
abrazos
Otra excepción por aqui… con un toque maldito
Si estaba con fans de industriales me hacía pasar por fan de santiago o viceversa…. realmente no me importaba nada… pero era divertido.
Yo lo amo, sobre todo desde un día de 2004, cuando vi a los Industriales ganar una Serie en el Latino. Ese día estaba con Adianet y conocí eso que llaman “felicidad”.
Nunca fui bueno jugando pelota. Mejor me defendía en las matemáticas, jejeje.
Es que los peloteros no son tu tipo, mi querido Yordán. ¡Qué alegría verte por aquí! Bienvenido.
Ya lo pillo, como me gustan los machos es obvio que no me gusta la pelota, no? jajajaja
De todos modos es cierto, los peloteros no son mi tipo, a lo mejor es cierto eso que dicen de que “los rosaditos” somos más de Ballet y eso, jajaja. Aunque decirte quiero, que lo sé de buena tunta porque tengo un primo muy famoso que trabaja en la pelota de comentarista deportivo que industriales está lleno de rosaditos jajaja Lo mío es el Atletismo……
y la gimnasia rítmica jajajaaja un abrazo, como me divierto en estos días leyéndote.
[...] reconocida cronista de la prensa deportiva a causa la apatía del público, los play off revivieron la pasión por el béisbol en Cuba. Quiero creer que ese renacimiento es una señal; que la serenidad de Joan Socarrás, ese [...]
[...] pasos torpes de un niño me dibujan una sonrisa tonta. Otro que juega a la pelota me recuerda mis largos campeonatos en solitario, contra la pared del edificio. Le hablo a mi [...]