Boris Leonardo Caro

Archive for April, 2010

Industrias

In Viñetas on 30/04/2010 at 9:00 am

Viendo una foto de La Habana en el blog de una amiga, se me ocurrió una pregunta:

¿Qué vende más en Cuba: Ciego Montero (la variante local de Pepsi y Coke) o la industria del Che (que irónicamente fue Ministro de Industrias)?

Conciencia de clase

In Viñetas on 28/04/2010 at 9:00 am

En la televisión un funcionario se congratula porque los trabajadores de su ministerio han reducido el ausentismo en un 50 por ciento. Gran logro. La causa: un estipendio diario de 15 pesos que el gobierno les entrega en lugar del desusado almuerzo. Nadie quiere perder esos 15 pesos, por eso no faltan. Así de simple. Y de aquella frasecita de la conciencia de clase… ¿quién se acuerda? El proletariado se ha vuelto pragmático, ¡qué remedio!

Blanco

In Viñetas on 26/04/2010 at 10:00 am

Con la pistola del asesino español en el cuello, el joven Martí no grita ¡Viva España! Su madre se desespera, le ruega, ve a su hijo muerto como aquellos cubanos, sobre las piedras frías. Pero Martí apenas murmura, porque no cree en la fidelidad a la Corona y ya en su pensamiento Cuba libre es.

Ilusiones paralelas

In Viñetas on 16/04/2010 at 11:00 am

Mi hermano juega alguna temporada de las Grandes Ligas con los Yankees de New York, sospecho. Mis padres ven el capítulo 387895 de la misma telenovela. Yo, como siempre, navego. Mientras, en una región de las pantallas que ahora no vemos, cinco canales de televisión imparten formidables lecciones de felicidad.

Noticias del futuro

In Viñetas on 15/04/2010 at 10:15 am

Me cuenta una amiga que anoche en la nueva telenovela cubana una pareja de jóvenes tenía cibersexo. Ahí, en vivo, para los millones de espectadores de la isla (bueno, no sé si dejaron ver al dúo en acción). Internet, web cam, y amor en ceros y unos. ¡Una maravilla, welcome to the future!

Le comento el episodio a otro amigo. Se molesta un poco, en un país donde abundan más las conexiones a cero kbps que las de 56 kbps es casi irreal esa escena (lo real… ¡maravilloso!). Al final cede. Es una parte ínfima de la realidad, pero existe. Muchos no habrán comprendido nada ayer, ajenos al mundo de las redes informáticas. Otros, curiosos, seguramente añadieron una nueva especia a su imaginación.

Impuestos

In Viñetas on 14/04/2010 at 9:00 am

¿Qué debería hacer con el dinero de mis impuestos? ¿Entregarlo al Estado incompetente o a ese anciano encadenado a sus seis balones de gas, que cocinarán la comida de otros? ¿Qué me diría el viejo Robin?

Ciclones

In Viñetas on 12/04/2010 at 10:00 am

Según los meteorólogos, un ciclón puede durar varios días, devastar ciudades, cultivos, industrias… diezmar la flora, cambiar la faz de las montañas. Pero los meses pasan, los años, y todo renace.

Hace unos días una anciana me habló de ciclones de 50 años, que obscurecen la vida de muchas generaciones.

Ruego

In Viñetas on 09/04/2010 at 9:00 am

Por favor, se los ruego, no me mientan más.

Entre ismos

In Viñetas on 07/04/2010 at 11:00 am

Entre el igualitarismo socialista y la exhaustiva segmentación del mercado capitalista, mi cuerpo celíaco se pregunta: ¿dónde puedo comprar galletas y pastas sin gluten?

Bauta

In Crónicas on 06/04/2010 at 8:57 am

Me desperté a las 7. Desayuno: una tortilla de queso de dos huevos y la jarra de yogurt. Luego escoger el disfraz de no turista, no habanero, paisano… para evitar la sospecha, la curiosidad, el asedio. Un jean viejo y un t-shirt de Yutong, a tono con los tiempos.

En vez de salir hacia la Terminal del Lido y escoger el destino, preferí el azar de los camiones en la añeja carretera central. Esperé media hora, llegó uno: Bauta.

Lo primero fue la hipérbole: un mercado llamado Gran París. Estamos en Cuba. Busqué instintivamente el parque y la iglesia, para orientarme. Con mi cámara al descubierto, nadie me miraba, nadie preguntaba nada, no vi un solo policía.

Desde el parque infantil junto a la iglesia, mientras fotografiaba los bustos de Martí y Maceo en la Logia, unas adolescentes me pidieron un retrato. Gritaban y yo recordé cierta escena de mi viaje a Trinidad, donde fui un turista europeo, un “yuma”, a mi pesar. Después regresé a la carretera central. Frente a un viejo cipo, dos niños me preguntaron qué hacía. Curiosidad natural, no me molestó.

Salí del pueblo y descubrí un motel, quizás de los años 80. Junto al cartel original, otro mostraba el cambio de época y los recientes sucesos de la economía nacional: la desaparición de la empresa Cubalse, tachada con desgano en la valla.

Regresé en un bicitaxi ─el medio de transporte local─ rumbo al cementerio. Los bautenses cuidan a sus muertos del sol y de la lluvia. ¿Pero quién los salva de la memoria frágil y del tiempo, que todo lo borra? Allí, en tumbas idénticas, la muerte es una para todos, uniforme en su sinsentido.

Caminé nuevamente por la arteria principal hasta que decidí ver qué había del otro lado del pueblo. Y allí estaba, a media cuadra de la calle ancha por donde algún día pasó un tren, el Disneylandia Bauta. Un parque infantil hecho de hierros decrépitos y mucha imaginación, decorado con todos los personajes de Walt Disney (hasta un Tweety estilo Western).

Entonces apareció el anciano en su bicicleta. ¿Usted qué está haciendo ahí? Fotos. ¿La presidenta lo mandó? No. Montó en su vehículo y se alejó un poco, apenas para amarrarla a un poste y regresar. Algún objetivo usted tiene con esas fotos, ¿la presidenta lo autorizó? ¿A usted no le gusta el dominó?, le pregunté. Sí. Pues a mí me gusta hacer fotos y soy de La Lisa. Ah, pues si quiere llévese los aparatos para allá, dijo con amargura.

Terminé de tomar las imágenes y me fui. El viejo también desapareció. Yo sabía que era imposible escapar, que el síndrome de la sospecha, el gen del policía, el terror a la simple libertad de permitir a cada cual hacer, sin autorizaciones de “la presidenta”, emergería en alguna esquina porque, a fin de cuentas, Bauta es Cuba.

Me detuve aún en la parada de los camiones, de regreso a La Habana. A unos metros, otro anciano pintaba con aguada de cal y una brocha grosera un poste de electricidad. Mañana llovería y el madero recobraría su color oscuro. Pero él no podía ya imaginarse ese “mañana”. Su penitencia, en apariencia inútil, nos enseñaba la vanidad de toda obra humana.

Libertad de expresión

In Viñetas on 05/04/2010 at 10:00 am

Permitido hablar mal del gobierno. Permitido hacer chistes de doble sentido. Permitido, incluso, callarse.

Prohibido llorar.

Esbozo de libertad

In Viñetas on 03/04/2010 at 10:00 am

Caminar por una calle de Centro Habana, de regreso a casa, sin horario, observando cada edificio, descubriendo, riendo (“ojo la puerta abre paya fuera”). Detenerse frente a una fachada, llenarse de belleza los pulmones. Encontrar una tienda irreal, donde venden Chocolate Negro Torras al 70%. Y bajo la noche fresca de abril, atravesar la ciudad en una máquina tan vieja como mi padre.

Sin palabras

In De adentro on 02/04/2010 at 9:00 am

Cuando el cereal del desayuno se termina, mi madre extiende el plástico vacío sobre la meseta de la cocina; cuando debo pagar la cuenta del teléfono, deja el recibo en mi mesa de trabajo; cuando alguien me llama, me da el inalámbrico, sin palabras.

Mi madre hace más de un mes que no me habla. No lo necesita. En el reino de su casa -antes nuestro hogar- sigue reinando, soberbia.

Industriales me hace soñar

In Crónicas on 01/04/2010 at 8:06 am

para Roger (que me pasó un SMS a la medianoche) y para Sol (que deseaba un post feliz)

Because the sky is blue…

Industriales era el favorito de nadie. Quizás sí: de esa diminuta procesión de fanáticos que puebla las gradas del Estadio Latinoamericano, aunque los azules jueguen contra Matanzas (el peor equipo de la pelota nacional), o pierda en el noveno inning por muchas carreras. Son gente admirable, gente con fe.

Agobiado por el “fantasma de las lesiones” y por la incesante emigración de sus estrellas, el equipo de Germán Mesa apenas clasificó a la final en el último vagón. Sólo un loco, o un soñador, podían apostar por ellos. Pero los leones barrieron con los súper favoritos de Sancti Spíritus y dejaron en el camino a los ex campeones del Habana. Ustedes seguramente conocen la historia.

Discutieron entonces el título de Campeón Nacional con el mejor equipo de la isla en la última década, el eterno segundo lugar, Villa Clara. No los cegó el desempeño de leyenda frente a sus contrincantes anteriores. No hicieron pronósticos triunfalistas. Prefirieron la modestia del Mago Mesa y la sonrisa de Alexander Malleta, la tenacidad de Yoandry Urgellés y Carlos Tabares… Y ganaron.

Después de una temporada mediocre, criticada incluso por una reconocida cronista de la prensa deportiva a causa la apatía del público, los play off revivieron la pasión por el béisbol en Cuba. Quiero creer que ese renacimiento es una señal; que la serenidad de Joan Socarrás, ese niño de 19 años capaz de imponerse a bateadores experimentados, nos habla del futuro de esta isla; que el espíritu de equipo de mis amados Industriales prefigura de algún modo el mañana.

No importa que la premiación haya sido tan deslucida. No comprendo por qué las medallas son otorgadas por funcionarios del gobierno y el Partido Comunista, en vez de honrar a las peñas deportivas, verdaderas inspiradoras del béisbol en el país. O sí, entiendo, pero la mezcla de deporte e ideología me harta.

Industriales desveló ayer a millones de personas en La Habana y en el resto de la isla. Y cuando cayó el out 30, en mi barrio y en otros la gente salió a festejar, con una lata y un palo. Abril comienza bien. Parece que este año nadie podrá robarnos la primavera.