Boris Leonardo Caro

Archive for the ‘Archivo 713’ Category

Las manos de mi madre

In Archivo 713 on 18/09/2009 at 9:00 am

¿Qué espera mi madre, siempre tejiendo, sola en la casa del alba al atardecer? Acaso el regreso fiel de mi padre, Odiseo sin hazañas célebres, salvo la desusada honestidad, el haber trabajado y no pedir honores.

El hilo que mi madre teje, la vida nuestra, tal vez, prolonga. Y la suya: mi madre quiere vivir trescientos años, como los gnomos.

Sus prodigios trenzados en cualquier rincón de la casa moran, con las mil muñecas, y los paisajes de parches multicolores.

Las manos de mi madre: el anillo de bodas y los delfines de mi hermano: príncipe que habita en el país donde comienza el día. Cada línea en sus dedos es una noche de velar por mi salud de niño enfermizo, y una comida deliciosa hecha “de corre-corre”, y una cura dolorosa, y una inyección, y una caricia.

Las manos de mi madre, tejiendo la belleza, vivas hasta después del minuto final.

Felito

In Archivo 713 on 16/09/2009 at 9:00 am

Felito Barrios camina despacio entre las líneas que llegan a la estación de Pozo Redondo, un minúsculo poblado al sur de La Habana, cerca del puerto pesquero de Batabanó. Camino de hierro silencioso. Hace demasiado tiempo ningún tren altera la densa paz del caserío.

Felito vio pasar miles de vagones cargados de caña de azúcar. No puede recordar el número exacto. Tampoco la cantidad de arrobas de caña que cortó en su vida.

Su memoria, sin embargo, ha guardado las décimas que cantó en un guateque, en el año cincuenta y tantos, para burlarse de Ramón Grau San Martín, presidente de la República entre 1944 y 1948. Y también otros versos que repitió en Batabanó, ante el asombro de Chanito Isidrón, el “príncipe del punto cubano”. Felito tiene memoria para el verso.

Ahora vive en la finca Calixto. Ya no siembra caña, sino algunas viandas. Tiene vacas y carneros.

Cuando nos despedimos, me recuerda que le envíe esta foto. Mira con desconfianza mi pequeña cámara, anacrónica en el paisaje de Pozo Redondo. Luego se aleja, cubierto del sol con su viejo casco anaranjado de obrero azucarero, reliquia de otra época, de otra vida.

Publicado originalmente en Habana 713 el 20 de abril de 2008.

Las manos de mi padre

In Archivo 713 on 15/09/2009 at 9:00 am

Mi padre tiene 62 años. Ha trabajado desde la adolescencia.

Consagró la mitad de su vida al Ejército, donde se hizo ingeniero. Fue diestro en el manejo de cañones antiaéreos, pero jamás participó en una guerra. A veces lo lamenta, aunque él es un hombre de paz.

Cuando los años duros de las crisis económica, en los 90, mi padre pedaleaba más de 100 kilómetros cada fin de semana para buscar comida. Recuerdo cómo me señalaba en un viejo mapa militar hasta dónde había llegado. Un día estuvo cerca de la costa sur de La Habana, muy lejos.

Ahora arregla montacargas y maneja un Citroën Berlingo. En ese auto ha atravesado la isla desde Guane –en el extremo occidental–, hasta Guantánamo –en el levante. Creo que nada le gusta más que manejar.

Por las noches se sienta a ver el televisor, cansado. Y duerme en el sillón, herencia de sus padres. Aún no piensa seriamente en el retiro.

Mi padre, José Evidio Caro Zayas-Bazán, nacido en el poblado de Florida, Camagüey, 470 kilómetros al este de esta ciudad donde un día sus manos dejarán de trabajar, para siempre.

Publicado originalmente en Habana 713 el 15 de abril de 2008.

Cifras

In Archivo 713 on 11/09/2009 at 9:00 am

Mi padre ha recorrido 227.875 kilómetros en los últimos cinco años. Es como haberle dado la vuelta al mundo cinco veces, pero en verdad continúa manejando su viejo Citroën Berlingo en las calles de La Habana y en las provincias, siempre dentro de Cuba.

Google acaba de anunciar que su motor de búsqueda ha encontrado 1.000.000.000.000 de páginas web. Sin embargo, en el planeta sólo viven seis mil quinientos millones de personas.

Ayer los habitantes de Montserrat, una pequeña isla del Caribe, revivieron la pesadilla de 1997. Parte del volcán La Soufrière colapsó al mediodía. La columna de cenizas alcanzó los 12 kilómetros sobre el nivel del mar. El monte Everest, el más grande del planeta, apenas tiene 8,8 kilómetros de altitud.

Publicado originalmente en Habana 713 el 18 de julio de 2008.

Lo invisible destructor

In Archivo 713 on 10/09/2009 at 9:00 am

Cada huracán recibe un nombre. Ese bautizo es el primer paso en la personificación de un fenómeno natural, que termina convirtiéndose en un ser aterrador. “Gustav llega mañana”, dice mi vecina. Un visitante distraído podría creer que se trata de su peor enemigo.

Aunque vivamos en el siglo XXI, aún vemos a los ciclones como una temible deidad. La palabra huracán nació en los antiguos pueblos del Caribe. Era el nombre del dios de los vientos, de la lluvia, de las olas terribles.

Sin embargo, es un dios de la transparencia: el agua y el viento. El mar, esa pavorosa fuerza que inunda las aldeas de pescadores, es apenas un inmenso cristal donde la luz del sol baila. Tomemos un poco de agua y espuma en nuestras manos… parecen tan frágiles. Y el viento, ¿qué es? Lo invisible animado, la nada existente.

Nuestra civilización ha colmado la tierra de estructuras opacas. Edificios, barcos, monumentos, autopistas, fábricas… Es el reino de lo visible. Pero la transparencia de las aguas y las ráfagas etéreas nos recuerdan nuestro ser vulnerable.

Seguiremos temiendo el poder de los huracanes. Los pueblos aborígenes que habitaron el Caribe desaparecieron hace 500 años, pero su dios nos amedrenta todavía.

Juan

In Archivo 713 on 22/06/2009 at 9:00 am

La flor de Julieta. Esa frase nos escribió Juan en la pizarra, el primer día de clases, cuando aún éramos unos principiantes. Juan hablaba durante 45 minutos sin detenerse, y nosotros, en silencio, lo dejábamos hacer, fascinados y enamoradas. Juan lanzaba parábolas tiza con lezamiana exactitud, y luego nos divertíamos con Charly, que lo imitaba a carcajadas.

Juan nos entregó Salvaje corazón, un manifiesto para nuestra avidez juvenil, y pobló el Alma con sus artículos. También se hizo Bezhukov para La Página, el mejor periódico del mundo, solo por su aliento y su firma.

A ningún profesor en la Facultad quise tanto como a Juan. Con él podía conversar durante cuatro horas y regresar luego a mi cuarto de suburbio, como quien ha visto la luz.

Juan le dio sentido, al fin, a aquella frase que otro profesor censuró: “las sopa de carajuelo es buena para la pinga”, estallido del círculo de la fatalidad en la voz de un hombre de mar, héroe solitario frente al sinsentido y la miseria cotidiana.

Juan militó en la cofradía de quienes escriben apasionadamente versos de amor, imaginan la filosofía de la justicia mundial, no traicionan aunque sean torturados, dicen no a las proposiciones indignas, no se venden, y protagonizan una minúscula revolución diaria contra la mediocridad, la cobardía y la estupidez.

PS: Publicado originalmente en la revista Alma Mater, No 457, Noviembre de 2007.

Y luego en Habana 713.

Juan me dijo hoy 7 de junio (día en que estoy programando este post) que vendría de vacaciones a Cuba en julio. Estoy muy feliz.