Boris Leonardo Caro

Posts Tagged ‘Crónicas’

Perfume

In Crónicas on 13/05/2010 at 9:21 am

Caminábamos por los jardines del Capitolio. Detrás, los edificios en ruinas, como antiguos templos de civilizaciones desaparecidas, pero habitados por tendederas, antenas, personas semidormidas bajo el bochorno del domingo habanero. Estábamos un poco más allá de la frontera entre la galería para turistas y el mundo real. Una marroquí, un libanés y yo.

Entonces se nos acercó una mujer, ni gorda ni flaca, ni joven ni vieja, ni mal vestida ni elegante… simplemente una mujer, como miles. Dijo algo, pidió, concibió una palabra que sonó parecida a “perfume”, pero no en castellano, sino en el idioma de los que han aprendido a mendigar, por puro vicio.

Quizás ella vivía en uno de esos solares, o en un albergue, rodeada de niños, sin demasiada comida, con muy poca ropa, los muebles mínimos comidos por el comején, un marido violento… en fin, el infierno.

Dos semanas atrás yo había gastado dos salarios medios en un caja azul, la más pequeña, de Cool Water, de Davidoff. “La vida pija”, me comentó un buen amigo. Y luego anunciaba en Facebook mi descubrimiento del camembert Coeur de Lion, un queso fabricado en Normandía, una exquisitez francesa. Pero no comprendí a aquella mujer y sentí mi orgullo de cubano herido, por esa epidemia de pedigüeños que asalta a los extranjeros en cada esquina de La Habana.

Un dólar… los niños; un perfume… la mujer… Y una ciudad que se cae a pedazos mientras nos piden calma. Yo sigo tomando vino tinto, comiendo camembert y escribiendo estas crónicas. Jodido, muy jodido.

Coppelia, 8:00 p.m.

In Crónicas on 13/11/2009 at 10:00 am

Cada uno pidió cinco ensaladas. Veinticinco bolas de caramelo y chocolate: un festín helado. En 23 y L policías verdes bajaban de un camión gris. Adolescentes nacidos en poblados cuyos nombres causan maravilla y ocultan el abandono.

Coman bastante ahora, que cuando los coja el servicio…, intenté una broma. Nosotros somos profesores de una escuela en el Cerro, me dijeron. Ya pasamos el servicio de la calle.

A la cancha se acercó un policía azul.

¿Quieren caramelo?, ofreció la camarera con una botella llena de almíbar. Echa bastante… la verdad que como tú no hay ninguna.

En la cuarta esquina de la mesa, un anciano aseguró que este helado era regular. Le faltaba o le sobraba aire, o espuma, o grasa, o leche. Pero algo andaba mal. Luego cargó con tres ensaladas en un pozuelo plástico, para su esposa. Ahora me toca batear a mí, murmuró frente a dos ensaladas.

Afuera, por la aceras circulares de Coppelia, rondaban los de verde.

Un cubano nuevo

In Crónicas on 03/08/2009 at 9:00 am

Hoy nacerá Nicodemo. Su madre y su padre no lo llamarán así, aunque ese sea el nombre asignado por un viejo santoral que conservan en la sala donde las embarazadas esperan el alumbramiento. No son católicos. Su época es también otra, con costumbres menos ortodoxas, gracias a Dios.

Nicodemo llegará al mundo un día memorable. La efeméride recuerda que un 3 de agosto Alejandro derrotó a atenienses y tebanos en Queronea. En otra fecha semejante, pero de 1492, Cristóbal Colón abandonó el puerto de Palos de Moguer y comenzó su travesía hacia un mundo desconocido por los europeos.

Otras conmemoraciones añaden gloria, dolor o infamia al 215º día del año.

No creo que sobre el destino de esta criatura pesen las hazañas bélicas del Magno, o el espíritu aventurero del Almirante. Quizás sí, sería deseable, la sabiduría atribuida a su santo protector según la tradición cristiana, el judío Nicodemo, que reconoció a Jesús como El Salvador.

Nacerá, en cambio, en una época y en un país harto complejos. A su tiempo sabrá de desapariciones de especies, cambio climático, hambrunas, epidemias, desastres naturales… el convulso día a día de su casa grande, la Tierra.

Pero no son estos malestares planetarios los que marcarán con mayor agudeza la existencia del infante, joven, adulto Nicodemo.

Abrirá los ojos en una isla agobiada por dos décadas de crisis económica, incapaz de alimentarse a sí misma, dando tumbos como un barco en medio de una tempestad perenne.

Será testigo de la partida de miles de compatriotas cada año, empujados al camino de la emigración por razones diversas, mas todas dolorosas. Escuchará las historias de este o aquel amigo, de uno de cada cinco, del vecino, del éxodo.

Dará sus primeros pasos en una nación dividida entre quienes creen, quienes ya no creen o quienes prefieren la indiferencia.

Reconocerá el temor, la traición, el abuso, la impotencia.

Lo protegerán su madre, su padre, su familia de sangre y una legión de tías y tíos que se fueron sumando por obra del amor sembrado.

Será feliz, no lo dudo.

Nicodemo, un cubano nuevo. Ojalá no cargue con nuestros rencores, con nuestras palabras corruptas por el uso, con la memoria que no permite caminar: estatuas de sal.

Bienvenido a la vida, mi querido sobrino Nicodemo.

Juan

In Archivo 713 on 22/06/2009 at 9:00 am

La flor de Julieta. Esa frase nos escribió Juan en la pizarra, el primer día de clases, cuando aún éramos unos principiantes. Juan hablaba durante 45 minutos sin detenerse, y nosotros, en silencio, lo dejábamos hacer, fascinados y enamoradas. Juan lanzaba parábolas tiza con lezamiana exactitud, y luego nos divertíamos con Charly, que lo imitaba a carcajadas.

Juan nos entregó Salvaje corazón, un manifiesto para nuestra avidez juvenil, y pobló el Alma con sus artículos. También se hizo Bezhukov para La Página, el mejor periódico del mundo, solo por su aliento y su firma.

A ningún profesor en la Facultad quise tanto como a Juan. Con él podía conversar durante cuatro horas y regresar luego a mi cuarto de suburbio, como quien ha visto la luz.

Juan le dio sentido, al fin, a aquella frase que otro profesor censuró: “las sopa de carajuelo es buena para la pinga”, estallido del círculo de la fatalidad en la voz de un hombre de mar, héroe solitario frente al sinsentido y la miseria cotidiana.

Juan militó en la cofradía de quienes escriben apasionadamente versos de amor, imaginan la filosofía de la justicia mundial, no traicionan aunque sean torturados, dicen no a las proposiciones indignas, no se venden, y protagonizan una minúscula revolución diaria contra la mediocridad, la cobardía y la estupidez.

PS: Publicado originalmente en la revista Alma Mater, No 457, Noviembre de 2007.

Y luego en Habana 713.

Juan me dijo hoy 7 de junio (día en que estoy programando este post) que vendría de vacaciones a Cuba en julio. Estoy muy feliz.

Mudanzas

In Crónicas on 15/06/2009 at 9:00 am

Producimos objetos para llenar cajas, mochilas, maletas, bolsas de nylon, equipajes de nuestra vida nómada. Gitanos sentimentales, que repiten el ritual en una frase: después paso a recoger mis cosas.

Nunca he dejado más que un par de chancletas, un pulóver para dormir, un cepillo de dientes… Pequeño morral para quien siempre -o casi- proyecta hogares, descendencias,  retiros en la montaña.

Así fue en casa de A y luego en el apartamento diminuto de L. Hubo tiempo para acumular algunos bienes menores, sin embargo, la discusión no llegó al río.
Read the rest of this entry »

Vecindades

In Crónicas on 08/06/2009 at 9:00 am

No los conozco… exagero. Sé el nombre de algunos por su boca, he escuchado el de otros, que suben sobre gritos las paredes indiscretas del edificio. Fueron mis vecinos durante los tres meses de independencia habitacional.

Caras vistas una vez, sin buenos días en el pasillo, la mirada de penitencia contra la puerta, cerrada al extraño que camina por las escaleras.

En mi piso sólo conversé con la mujer de la primera puerta. Ella guardaba las llaves antes de mi aparición. Hace algún tiempo se fue de viaje. No recuerdo cómo lo supe.
Read the rest of this entry »

Chancletas

In Crónicas on 01/06/2009 at 9:00 am

Hay pocas torturas domésticas peores que caminar con una chancleta rota. Por más que pacientemente coloquemos la tira en su lugar y arrastremos los pies como si esquiásemos sobre las lozas de la cocina, tarde o temprano volverán a descomponerse.

Hace un par de meses compré un par del tipo que en Cuba llamamos “mete-deo”, en una de esas tiendas mitad casa comisionista, mitad almacén de artículos ociosos y de lento movimiento, donde hasta los estantes bostezan. El precio era demasiado bueno y yo andaba buscando una solución transitoria para mi recién inaugurada independencia habitacional. Pero como decía la abuelita: lo barato sale caro.

Read the rest of this entry »

El coco

In Crónicas on 25/05/2009 at 2:00 pm

Lunes. Esa palabra significa mal humor al despertar, dolor en las piernas como si hubiera trasnochado —en realidad estuve navegando hasta después de la medianoche— y el retorno a la oficina.

Hace siglos que no pasaba por aquí. Desde el viernes. Pero el fin de semana fue un viaje a otra dimensión. Dos días observando el rastro de Ella en mi apartamento.

Bajo los árboles de la avenida 23, donde espero la guagua amarilla que me trae al trabajo, siempre encuentro a dos o tres mujeres que invariablemente hablan de sus esposos, bien intencionados, los pobres, pero ineptos para cualquier labor hogareña. Hoy el tema era otro: los apagones.

Read the rest of this entry »

El rumor

In Crónicas on 24/05/2009 at 5:28 pm

Escribo desde la adolescencia. Aprendí a chapotear en un teclado con una moderna máquina de escribir italiana ―lo cual ahora me parece un sacrilegio, pues lo correcto hubiera sido hacerlo en una auténtica Remington. Mis primeros textos eran “filosóficos”. Cuando uno se ha encontrado con Holden Caulfield a cierta edad es normal que la sociedad le parezca un horror y las ideas propias, geniales.

Ninguno de aquellos textos se salvó. Es lamentable, porque hoy habrían sido una fuente inapreciable de humor psicoanalítico para mis desiertas tardes de domingo. Como casi todo en mi vida, cargué con las culpas a una mujer y los eché a la basura. En el papeleo que sucumbió a aquel suicidio literario, había versos, textos aspirantes a cuentos y aquellos arrebatos filosóficos que ya mencioné.

Read the rest of this entry »