Cuando la imaginación del Estado es plena y saludable, está en la obligación de crear alegría creadora, de convertir la alegría en un alimento natural, terrestre. Si el Estado se vuelve avaro y sombrío, sus moradores se vuelven despilfarradores de su acción; la acción nacida de una visión sombría que no ancla nunca en la paz, anda errante y enloquecida, como una pluma fiera del mundo interpretado.
José Lezama Lima, 1949