Hoy se desplomó un librero en mi cuarto. En la caída destrozó otro mueble pequeño y reveló un caos de papeles. Mi padre se dedicó a reconstruir los entrepaños, mientras yo hacía un ejercicio de arqueología bibliográfica.
Recuperé una foto de Juan en el Partenón, un par de mensajes de mi novia, la poesía perdida de Luis Rogelio Nogueras. Comprendí que he comprado demasiados libros, previsiones de futuros descartables. Reconocí que soy un hombre rencoroso.
Volví a acomodar los libros: Borges, Dulce María, Cintio Vitier, Lezama… Separé cuatro columnas para donaciones. Siento que debo comenzar a abandonar ciertos lastres.